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miércoles, 29 de junio de 2011

¿Por qué las personas no creen en Dios?

Me ha parecido interesante este diálogo entre un creyente y un no creyente visto en Facebook.
Os lo traduzco por si no entendéis el inglés:
  • ¿Por qué las personas no creen en DIOS?

  • Ryo: ¿Por qué las personas no creen en unicornios? \o\

  • Bueno porque para empezar no son reales.

  • Ryo: ¿Y eso lo dices basándote en qué fundamentos?

  • Nadie ha visto nunca ninguno!!!!

  • Ryo: Así que estás diciendo que tienes que VER algo para creer en ello? Ummm

  • ¡No estoy diciendo eso! Y de todas formas, si quieres ir por ahí, ¿cómo es que nadie ha encontrado nunca huesos de unicornio?

  • Ryo: ¡Umm! ¡Vale! ¿Ahora estás diciendo que necesitas tener EVIDENCIAS FÍSICAS para creer en algo? ¿Qué hay de la fe?

  • ¡No hay nada que tenga que ver con la fe cuando se trata de unicornios! ¡Es algo sacado de un libro para niños, por Cristo!

  • Ryo: ¿Estás diciendo que no debemos creer en cosas que solamente existen en libros de fábulas?

  • SÍ, y además, si los unicornios existieran REALMENTE, algún biólogo habría publicado algo sobre ellos.

  • Ryo: Vale. Deja que sintetice esto una vez más. Estás diciendo que, para que alguien crea que algo existe tiene que haber:
  1. Evidencia de hecho.
  2. Evidencia física.
  3. Evidencia científica.
  4. Todas estas evidencias deben provenir de algún lugar que no sea un libro.
    Imagino que ahora porque algunas personas no creen en dios.

miércoles, 24 de junio de 2009

Sobre las creencias

Llevo meses profundizando en las enseñanzas de Krishnamurti y la verdad es que cada vez estoy más fascinado con este pensador.

Conocerme a mi mismo es un proceso de descubrimiento que se está acelerando mucho tras bañarme en este mar de ideas y observaciones.

Hace unos minutos he estado repasando el texto de una conferencia que dio el 20 de Agosto de 1949. Un participante le hizo una pregunta sobre la supervivencia después de la muerte y él contestó de esta brillante manera:

Krishnamurti: Lo importante, por cierto, no es si hay o si no hay continuidad después de la muerte, sino por qué creemos. ¿Cuál es el estado psicológico que exige creer en algo? Seamos bien claros, por favor. No discutimos ahora si hay o si no hay vida después de la muerte. Esa es otra cuestión, de la que habremos de ocuparnos después, en otro momento. Pero el problema es éste: ¿cuál es en mí el factor compulsivo, la necesidad psicológica que me hace creer? Un hecho no exige creencia de parte vuestra, por cierto. El sol se pone, el sol sale: eso no exige creencia. La creencia sólo se origina cuando queréis interpretar el hecho de acuerdo con vuestros deseos, con vuestros estados psicológicos, para satisfacer vuestros propios prejuicios, vanidades e idiosincrasia. Lo importante, pues, es como encarar el hecho, ya se trate de la vida después de la muerte o de cualquiera otro hecho. De modo que no es cuestión de saber si hay supervivencia del individuo después de la muerte - después que muere su cuerpo - sino por qué creéis, qué impulso psicológico os hace creer. Eso es claro, por cierto, ¿no es así? Investiguemos, pues, si esa creencia psicológica no es un estorbo para la comprensión.

Si uno se ve confrontado con un hecho, no hay nada más que decir al respecto. Es un hecho, el sol se pone. Pero el problema es este: ¿por qué existe en mí ese instinto incesante de creer en algo - en Dios; en una ideología, en una futura utopía, en esto o en aquello? ¿Por qué? ¿Por qué creemos? ¿Por qué existe ese impulso psicológico de creer? ¿Qué ocurriría si no creyésemos, si simplemente observásemos los hechos? ¿Podemos hacerlo? Ello se vuelve casi imposible - ¿no es así? - porque queremos interpretar los hechos de acuerdo con nuestras sensaciones. De suerte que las creencias se convierten en sensaciones, las cuales se interponen entre el hecho y yo. La creencia se convierte, pues, en un estorbo. ¿Somos diferentes de nuestras creencias? Creéis que sois americanos, o que sois hindúes, creéis en esto y en aquello, en la reencarnación, en docenas de cosas. Y eso sois, ¿no es así? Sois eso que creéis. ¿Y por qué creéis? Lo cual no quiere decir que yo sea ateo, o que niegue a Dios, y todas esas estupideces; no es eso lo que discutimos. La realidad nada tiene que ver con la creencia.

El problema es, pues, este: ¿por qué creéis? ¿Por qué esa necesidad psicológica, ese interés en la creencia? ¿No será porque sin creencia no sois nada? Sin el pasaporte de la creencia, ¿qué sois? Si no os clasificáis como algo, ¿qué sois? Si no creéis en la reencarnación, si no os llamáis esto o aquello, si no tenéis rótulos, ¿qué sois? La creencia, por consiguiente, actúa como un rótulo, como una tarjeta de identificación: y eliminada la tarjeta, ¿qué queda de vosotros? ¿No es ese temor fundamental, esa sensación de estar perdido, lo que torna necesaria la creencia? Pensadlo bien, por favor; no lo rechacéis. Experimentemos juntos las cosas que estamos tratando; no escuchemos simplemente para luego marcharnos y continuar con nuestras creencias y “no creencias” habituales. Estamos discutiendo todo el problema de la creencia.

De suerte que la creencia, la palabra, ha llegado a ser importante. El rótulo ha adquirido importancia. Si yo no me llamara hindú, con todo lo que ello implica, estaría perdido, no tendría identidad. Pero el identificarme con la India, como hindú, me da un prestigio tremendo, me confiere rango, me fija una posición, me atribuye valor. La creencia, pues, se convierte en una necesidad cuando psicológicamente me doy cuenta, consciente o inconscientemente, de que sin el rótulo estoy perdido. Entonces el rótulo llega a ser lo importante - no lo que soy, sino el rótulo: cristiano, budista, hindú. Y entonces tratamos de vivir de acuerdo con esas creencias, las cuales son autoproyectadas, y, por lo tanto, ilusorias. Indudablemente, para el hombre que cree en Dios, su Dios es un Dios proyectado por él mismo, un Dios de su propia hechura. Pero el hombre que no cree en Dios es lo mismo. Para comprender lo que es aquello, ese algo supremo, uno ha de llegar a él renovado, como nuevo, no atado a una creencia. Y me parece que esa es nuestra dificultad en lo social, en lo económico, en lo político y en nuestras relaciones individuales. Es decir, abordamos todos estos problemas con un prejuicio; y como los problemas son vitales, vivos, sólo pueden encararse adecuadamente cuando la mente es nueva, cuando no está sujete a una creencia autoproyectada, a una creencia de su propia hechura.

Es obvio que la creencia se convierte en un estorbo cuando no ha sido comprendido el deseo de creer; y una vez comprendido éste, el problema de la creencia ya no existe. Entonces podéis encarar los hechos tal cuales son. Pero aun cuando haya continuidad después de la muerte, ¿resuelve eso el problema de la vida en el presente? Si yo sé que voy a vivir después que esta cosa (el cuerpo) muera, ¿acaso he comprendido la vida? La vida es ahora, no mañana, Y para comprender el presente, ¿tengo que creer? Para comprender el presente, que es vida, que no es sólo un período de tiempo, no hay duda de que he de tener una mente que sea capaz de enfrentar ese presente en su totalidad, prestándole plena atención. Pero si mi atención se distrae con una creencia es seguro que no encaro el presente de un modo completo, pleno.

La creencia, pues, se convierte en un impedimento para la comprensión de la realidad. Siendo la realidad lo desconocido, y la creencia lo conocido, ¿cómo puede lo conocido encontrar lo desconocido? Pero nuestra dificultad está en que deseamos lo desconocido junto con lo conocido. No queremos desprendernos de lo conocido porque ello resulta demasiado aterrador; en nosotros hay gran inseguridad, gran incertidumbre. Y es por eso que, para protegernos, nos rodeamos de creencias. Es tan sólo en el estado de incertidumbre, de inseguridad - en el que no hay sensación alguna de refugio - que descubrís. Por eso es que, para encontrar, debéis estar perdidos. Pero no queremos estar perdidos. Y, para evitar perdernos, tenemos creencias y dioses de nuestra propia hechura, que nos protegen. Y cuando llega el momento de la verdadera crisis, esos dioses y creencias carecen de valor. De ahí que las creencias sean un impedimento para el que quiere realmente descubrir lo que es.

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Creo que este texto bien vale su análisis.

martes, 16 de diciembre de 2008

Por más oscuras que sean las nubes...


En estas fechas es habitual que muchas economías domésticas se desequilibren: los precios están por las nubes justo en el momento en que hay que hacer más compras. Regalos, comidas copiosas para todos los invitados y aprovechar las oportunidades, están entre los hábitos que más nos perjudican: pueden resultar agradables a corto plazo pero a la larga hacen el agujero más hondo. Quiero que hagamos juntos un análisis de ésta situación para ver si descubrimos alternativas para no perder la cabeza.

Comencemos por el principio: ¿Es necesario comprar tanto en estas fechas? Muchas personas creen que si, argumentan que lo han estado haciendo de este modo los últimos años, dicen que es lo que se espera de ellos y que eso lo justifica. Puede que tengan razón. Sin duda alguna lo más fácil es seguir haciendo lo mismo, pero si lo que hacemos no es bueno para nuestros intereses quizás es hora de cuestionarlo. Por ejemplo, ¿qué es lo que deseamos cuando invitamos a nuestros familiares a comer con nosotros? ¿Queremos que estén a gusto, en compañía de las personas que les quieren, celebrando unas fechas especiales? ¿O queremos que vean que las cosas aparentemente nos van bien, que somos personas generosas y espléndidas? Porqué, si lo que buscamos es pasar un rato en buena compañía, si lo que queremos es reencontrarnos con quienes son importantes para nosotros, quizás podríamos centrar nuestro convite en eso. Tal vez de hacerlo logramos prescindir de ciertos lujos, de ciertos caprichos caros que hablan de lo bien que va nuestro bolsillo pero que no están relacionados directamente con nuestro objetivo y que en el fondo nos acaban perjudicando porqué nos llevan a gastar más de lo conveniente.

Por otro lado podríamos cuestionar algunas tradiciones como por ejemplo la obligatoriedad de regalar en ciertas fechas: ¿Realmente es necesario hacer tantos regalos? Sobre todo si tenemos en cuenta que muchas veces compramos por cumplir, porqué se espera que hagamos un regalo, no necesariamente porqué estemos sintiendo que con esto mostramos nuestro afecto, nuestra estima, sino más bien por nuestro servilismos a las tradiciones, tradiciones que podría parecer que están diseñadas para enriquecer a terceros.

Si lo que queremos es mostrar nuestro afecto a ciertas personas, y tenemos esto presente, tal vez seamos capaces de encontrar una alternativa de alto valor sentimental y bajo coste económico. Ambas cosas no son incompatibles: Una fotografía o un dibujo, unas palabras especialmente escritas y pensadas, una cena, o una fiesta casera pueden ser más emotivos y sinceros que el más lujoso de los lujos. Pregúntate pues qué es lo que está detrás del hábito de regalar ¿un sentimiento de generosidad, aprecio y reconocimiento? ¿O la obligación de cumplir con la norma social?

Por otro lado hay algo mucho más profundo y doloroso: ¿Crees que comprar más te hará más feliz? Analiza esta cuestión detenidamente porqué hay muchas personas que viven con esa creencia. Por eso mismo no es de extrañar que se lancen a adquirir toda suerte de caprichos en un vano intento de mejorar su estado de ánimo. Y quizás momentáneamente logren su objetivo, al menos por un breve lapso de tiempo, la sensación de poseer, la idea de ser mejores, les ciega como un espejismo en el desierto. Lamentablemente la realidad se acaba imponiendo y nos golpea en la cara: lo que poseemos no nos hace más felices porqué la felicidad no depende de tus posesiones. La felicidad no es un destino sino un camino, no está más adelante en el tiempo, cuando compres, cuando te permitas ese viaje, o cuando logres algo, está en el aquí y el ahora, en éste preciso momento puedes ser todo lo feliz que eres capaz de ser. Algo imposible, por otro lado, si proyectas la felicidad en un momento futuro que no podrá ser vivido porqué los seres humanos moramos en el ahora.

La sociedad en la que vivimos es muy dinámica y nuestras circunstancias de vida varían y mudan con el paso del tiempo. A un ciclo de expansión le sigue un ciclo de contracción y cuando nos queremos dar cuenta, lo que nos podíamos permitir con relativa tranquilidad en el pasado reciente, nos pone en grave riesgo de ruina en el presente inmediato. En momentos de crisis económica como el que vivimos, no podemos seguir haciendo lo mismo, pero los seres humanos no llevamos muy bien el tema del cambio, especialmente cuando se trata de ir a menos. Por este motivo es tan importante ser rápidos en reconocer que es necesario tomar medidas, primero de contención del gasto, es vital reajustar nuestro estilo de vida al entorno, y luego de expansión de los ingresos. Es muy humano negar el cambio cuando no se ajusta a nuestras expectativas, luchar contra él, revelarse, para finalmente adaptarse y aceptarlo. El problema, en un entorno en crisis, está en el coste de oportunidad: cuanto más tardas más riesgo estás asumiendo. Por otro lado es relativamente sencillo hacer lo que se debe hacer una vez se entiende que es una conducta necesaria. Para facilitar este proceso es importante descubrir los motivos por los que uno lucha. El conejo siempre escapará del zorro porqué mientras que el raposo puede comer otras cosas, el conejo se juega la vida. Pregúntate pues: ¿Qué motivos tienes para adoptar nuevos hábitos en la gestión de tus finanzas domésticas? ¿Merece la pena hacer el esfuerzo por tu futuro o por el de los tuyos? ¿Qué alternativas existen? ¿Acaso si no actúas la cosa mejorará sola? Luego levántate y haz lo necesario para minimizar el dolor.

Para bailar con la música que suena es bueno que crees una visión del resultado final. No te centres tanto en la renuncia de hoy como en la contribución que esto hace a un futuro mejor. No se trata pues de pensar que uno va a menos: menos ocio, menos ropa, menos lujo,… sino a más: más posibilidades, más opciones, más futuro. Para mantener afilada tu motivación te recomiendo que elabores un álbum de deseos: toma una libreta en blanco y recorta y pega todo aquello que deseas incluir en tu vida. Hazlo con toda la familia como un ritual de unión. Cuando lo necesites repasa lo que habéis puesto y sigue actuando a favor de vuestro mejor interés.

Para contener el gasto busca alternativas más económicas. Comienza por elaborar una relación de lo que es imprescindible comprar y luego ajústate a ella. Comienza con lo que realmente es necesario y dejar lo opcional para el final. Sube mentalmente de nivel a la hora de determinar tus necesidades. Pregúntate “qué función necesito” y busca qué “medios” te la pueden dar. Por ejemplo, en vez de decir: “necesito bollos para los desayunos” aprende a decir: “necesito un buen desayuno”, porqué quizás puedas cubrir esa función con algo más interesante que los bollos. Adquiere el hábito de comparar precios en distintos establecimientos. Supera la inercia que está detrás de comprar en las tiendas de “toda la vida”. Ya tendrás tiempo de volver a ellas por motivos románticos más adelante. Utiliza Internet para descubrir oportunidades. Compra envases más grandes para optar a un descuento por cantidad. Introduce algunas marcas blancas en tu dieta y deja de pagar la publicidad de los productos que consumes. Entiende que los productos elaborados necesariamente tienen que repercutir esa elaboración en el precio. Quizás puedas elaborarlos tú y conseguirlos más baratos. Por otro lado puedes hacer como Tom Sawyer que al ser castigado a pintar la verja del jardín logró reencuadrar la tarea y transformarla en una fuente de ingresos cobrándoles una tarifa a sus amigos para ofrecerles el “privilegio” de poder pintar. Haz tú lo mismo y transforma la necesidad de recortar gastos en la oportunidad de recobrar el hábito social de invitar a tus amigos a cenar a casa. Elaborad el menú entre todos, repartiros la compra de los alimentos, quedad tres horas antes de lo habitual y haced de la preparación de la cena una fiesta divertida, entretenida y cordial. Estas fiestas, en vez de hacer un regalo a todos los amigos organiza un amigo invisible. Haz lo mismo con tus familiares. Utiliza tu cabeza para anticipar el futuro y evita comprar cuando los precios son más altos. Si no consigues superar la necesidad que has creado en tu mente de agasajar a tus invitados con langostinos, cómpralos tres meses antes y déjalos en el congelador hasta que los necesites. No vayas a última hora cuando cuestan tres veces más. Por otro lado aprovecha las rebajas para adquirir lo necesario. Frena la impulsividad que te puede arrastrar a comprar antes de tiempo. No te des excusas del tipo “es que si espero a las rebajas ya no estará”. Si no está encontrarás otras oportunidades. Muy pocas cosas son realmente imprescindibles. Si has hecho tus deberes identificando lo que de verdad necesitas y lo has anotado en una lista, estarás dos pasos por delante en tu misión de ajustarte al entorno: evitarás comprar “ofertas y oportunidades” que se cruzan en tu camino, y comprarás pensando en la funcionalidad y no solamente en el deseo.

Hacer lo que se debe hacer es sencillo, pero no necesariamente fácil, sobre todo si el resto del equipo no se implica. Por esta razón te sugiero que hables con todos los miembros de tu familia, habla con tus hijos y con tu pareja y expón la situación a la que os enfrentáis. Recuérdales que es algo temporal pero que es sumamente importante que reméis todos en la misma dirección. Motívales y dales ánimos para que te apoyen en lo que estimes necesario. Muchas veces el entorno no colabora porqué no le da a los hechos la misma importancia que le damos nosotros. Asegúrate de repartir la información y no quieras luchar en soledad contra los elementos: no es necesario en primer lugar y es mucho más divertido hacer equipo. Tienes una oportunidad de oro para inculcar buenos hábitos a los más pequeños, de esta forma harás de ellos unos adultos más responsables y conscientes. Si han aprendido cómo sus padres se enfrentaron a una crisis y no perdieron la cabeza confiarán más en sus posibilidades de hacer lo mismo el día de mañana.

Sea lo que sea que te depare el futuro entiende que nada es tan importante como el que seas feliz aquí y ahora. Por más oscuras que sean las nubes, por encima de ellas, siempre, siempre sigue brillando el sol.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Ser mileurista es una opción

Si ganas 1.000 Euros al mes... y no te supone un problema, entonces no pasa nada. Si los ganas pero crees que es injusto, es demasiado poco, mereces más,... y eso es lo suficientemente importante como para despertar en ti el deseo de cambiar, sigue leyendo.

Personalmente me parece complicado imaginar que una persona vaya a cambiar su vida por tan poco. ¿Recuerdas? El dinero es lo que recibes a cambio de tu energía vital. No vas a vivir siempre, así que esa energía es tu activo más preciado, o uno de los más preciados.

Pero muchas personas no se comportan dándole ese valor... cambian su tiempo por migajas.

Si están contentas con el intercambio adelante... pero si no es eso lo que quieren... y están dispuestas a pagar el precio que reclama conseguir nuevos resultados, entonces hay que actuar.

No entiendo pq limitarse a quejarse habiendo posibilidades a tu alcance. Ser mileurista es una opción, opino.

Si, es fuerte lo que digo, pero lo tengo claro... Pq si lo que consigues es fruto de lo que haces y lo que haces es fruto de como piensas... Si tu forma de pensar no está esculpida en mármol... sino que depende de las conexiones sinápticas que hayas establecido y de los esquemas que actives... pudiendo cambiar estas conexiones y estos esquemas... ¿Qué te condena a seguir pensando como piensas?

¿Ganas 1.000 Euros? Entiende que si sigues haciendo lo mismo... vas a seguir ganando lo mismo. ¿Está claro este punto?. Sigamos: Si lo mismo no te sirve, ¿qué tendría el potencial de hacerte ganar más?

Generalmente las personas son retribuidas en función del valor percibido que aportan... No siempre es así, claro, pero sí en muchos casos. Luego, ¿cómo puedes aumentar esta percepción de valor? Ese es tu objetivo. Céntrate en él el tiempo suficiente, enfócate, y no tardarás en ver la solución.

¿Qué tendrías que hacer para ganar diez veces más? Ni se te ocurra pensar que la respuesta está en el tiempo. No se trata de trabajar diez veces más tiempo. Hay personas con tu mismo nivel de formación, con unos padres parecidos y sin más suerte que tú, que están ganando diez veces más. Luego, ¿de qué se trata?.

Si no tienes un plan que tenga el potencial de sacarte de esta situación estás a merced del viento. Pero esto es solamente una opción. Despierta. Nada,... NADA te condena a estar en esta situación.

¿Tienes cargas familiares? ¿obligaciones de algún tipo? Esto es solamente circunstancial. Lo que consigues es fruto de lo que haces,... lo que haces es fruto de como piensas... Luego debes centrarte en cambiar tu forma de pensar.

¿Me entiendes? No vas a conseguir salir de ahí con el mismo conjunto de ideas que te ha llevado a estar ahí. ¿Queda esto claro?. Abandona tus viejas ideas, vacía la taza y ves de compras. ¿Qué nuevas ideas necesitas? Ese es tu trabajo.

Oh... ¿Te falta dinero? ¿Es eso? ¿Tienes una estupenda idea de negocio y crees que te falta financiación?... Error. Te faltan ideas, pq hay mucha gente que tiene su dinero al 5% en un banco y que estaría encantado de dártelo a ti si les convences de que el retorno va a ser de un 20%. ¿Sabes cómo hacer que ese supuesto negocio de esa rentabilidad? ¿Has hecho los números? No es un tema de dinero... es un tema de ideas.

Diseña un plan hoy mismos, no lo dejes para más adelante pq se trata de tu vida. ¿Eres mileurista y eso te agobia? Haz algo para salir de ahí. Comienza buscando ideas. ¿No eres suficientemente listo como para generar nuevas ideas? Lo dudo,... pero si lo crees eso será verdad para ti. Compra ideas de segunda mano. Rodéate de personas que tengan el tipo de ideas que te hacen falta.

¿Donde te lleva lo que vienes haciendo? Ese es tu destino. No hace falta que llegues a él para arrepentirte de tu vida. Anticipa las consecuencias de lo que haces, y si no te gusta lo que ves cambia. Es triste mirar hacia atrás y ver que lo que tienes no es lo que anhelabas de pequeño... Pero más triste es mirar hacia adelante y ver que lo que tendrás no será lo que deseas ahora. Es triste pq está en tus manos cambiar eso.

No estás condenado a tener cierto tipo de futuro. Tu futuro lo escribes ahora, con las decisiones que tomas, y si algo te hace libre es la capacidad de tomar nuevas decisiones. Piensa de forma diferente y actúa.

¿Cual es tu plan? Si eres mileurista pero tienes un plan con el potencial suficiente como para sacarte de ahí estás salvado. Es más fácil que te comprometas con el tipo de acción necesaria si sabes que tus renuncias te llevan a un destino deseable. Es complicado que contengas tu gasto, que te muevas de forma decidida, si no vas a ningún sitio.

¿Con qué ánimo te levantas por las mañanas si lo que te espera es algo desagradable? ¿Eres de los que se angustia los domingos por la tarde pq anticipa que al día siguiente comienza una semana penosa de trabajo? ¿Vives cada día deseando que llegue el fin de semana? No estás condenado... si estás dispuesto a hacer cosas distintas. Pero no puedes limitarte a soñar. Tienes que decidir lo que quieres y luego alinear tus acciones con tus deseos.

¿Cuál es tu plan?...

El mundo en el que vives está lleno de oportunidades pero no puedes verlas si estás demasiado ocupado en quejarte. Necesitas sintonizar tu foco. Están ahí, te lo aseguro.... Pero no las verás hasta que no tengas el deseo de verlas.

La mayoría de los productos que más se venderán el los próximos dos años,... no existen aún. Alguien va a inventarlos. Necesariamente serán ideas en la mente de alguien.

Acciones que te propongo:

1. Decide que estás dispuesto a salir de donde está (aun que no sepas cómo).

2. Obsesiónate en adquirir nuevas ideas (las que tienes no te valen o ya estarías donde quieres).

3. Rodéate de personas que estén dispuestas a hacer lo mismo que tu. Animaros los unos a los otros. Desazte de los cangrejos. No estás aquí para convencer a nadie de que tu opción es la mejor. Deja que cada uno elija su camino y céntrate en tener el tuyo muy claro.

4. Acércate a personas que ya están donde tu quieres, y compra sus ideas. Ellos saben algo que tu no sabes.

5. Céntrate en emprender la acción. Los resultados no vendrán solamente de saber,... tienes que actuar.

6. Diseña un plan, y luego aplícalo. Si no te lleva donde quieres cámbialo y diseña otro. Sigue diseñando y aplícando tus planes hasta que los resultados lleguen.

Ser mileurista es una opción. Sino estás convencido dímelo y lo debatimos... pero no me llores sin haber actuado.