Ayer tuve una convesación muy interesante con Julio Martínez, un empresario de Sevilla que compartió un relato asombroso sobre una experiencia personal.Julio estuvo al borde de la muerte. Un accidente de automóvil dejó su cuerpo destrozado, piernas rotas, hierros clavados por todas partes, un ojo fuera de la cuenca y múltiples heridas,... Postrado en una silla de ruedas y diagnosticado como parapléjico decidió que eso no era para él y después de días y días de mirar su cuerpo con el deseo irrefrenable de poder moverlo el milagro sucedió y logró una contracción muscular.
Me impresionó mucho toda la pasión y el anhelo de vivir que contagiaba en su charla.
A día de hoy está haciendo una vida normal... bueno... normal no, yo más bien diría extraordinaria si se tiene en cuenta que podía muy bien haber muerto, o no haber andado nunca más.
¿Cuantas veces nos imponemos falsas limitaciones a nosotros mismos? ¿Qué pasaría si fuéramos capaces de reconocer que somos los autores de muchas de las etiquetas con las que nos frenamos?