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viernes, 7 de enero de 2011

Aprender de la vida, viviendo


Estoy leyendo
Wanden, el libro de Henry David Thoreau en el que relata la experiencia de los dos años que pasó viviendo en plena naturaleza y que escribió en 1854.

Me resulta fascinante conocer las ideas que tenían las personas que se enfrentaron, antes que yo, al reto de vivir. Veo así que la mayoría de problemas del día a día son de hecho muy antiguos, y que, a pesar de los avances tecnológicos, seguimos necesitando resolver las mismas cuestiones fundamentales.

En un momento dado, el autor reflexiona sobre el sistema educativo de los jóvenes de la época,(mediados del S. XIX) con el que se muestra muy crítico, y dice:

"El estudiante que garantiza su ocio y jubilación eludiendo de forma sistemática cualquier trabajo necesario para el hombre, no logra otra cosa que un ocio innoble y de poco provecho, porqué se autoengaña de la única experiencia que puede transformar el ocio en una cosa de provecho. "Pero," apunta alguien, "¿No estaréis diciendo que los estudiantes deberían trabajar con las manos más que con la cabeza?" No quiero decir esto exactamente, sino algo parecido; quiero decir que no deberían jugar a vivir o simplemente estudiar la vida, mientras la comunidad los mantiene en este juego tan caro, sino que debería vivir completamente. ¿Cómo podrían aprender mejor a vivir que apuntándose al experimento de vivir?. Creo que esto ejercitaría sus mentes tanto como las matemáticas. Si quisiera que un chico supiese algo sobre arte, o ciencia, por ejemplo, no seguiría el procedimiento habitual que consiste en enviarlo a un profesor donde se enseña y se practica de todo menos el arte de la vida; donde se examina el mundo a través de un telescopio, o un microscopio, pero nunca con el ojo al natural; donde se estudia química y no se aprende a hacer pan, o mecánica sin aprender a qué obedece; donde se descubren nuevos satélites en Neptuno pero no se detectan las vigas en el ojo, o de qué trotamundo uno es un satélite, o donde nos pueden devorar monstruos de nuestro alrededor por el hecho de estar observando los que se encuentran en una gota de vinagre. ¿Quién habría progresado más al cabo de un mes: el chico que se ha fabricado una navaja que él mismo ha extraído y fuese buscando información de todo lo que le fuese necesario para hacerla, o bien el chico que ha asistido a todas las clases de metalurgia y haya recibido una navaja Rodgers como regalo de su padre? ¿Quién es más probable que se corte con el instrumento?... Se me notificó, cosa que me sorprendió, que había salido de la universidad habiendo estudiado navegación. Hubiese aprovechado más si me hubiesen llevado a dar un paseo por el puerto. Incluso el estudiante pobre recibe lecciones solamente de economía política, mientras que de la economía de la vida, que es sinónimo de filosofía, ni tan siquiera se enseña en nuestras universidades. Como consecuencia, mientras el estudiante lee a Adam Smith, Ricardo y Say, deja a su padre irremediablemente endeudado".

No puedo estar más de acuerdo. Yo también creo que la forma en la que la sociedad, que somos cada uno de nosotros, facilita la educación, es muy mejorable y pareciera responder a intereses de terceras partes, descuidando elementos fundamentales tales como las habilidades de comunicación, la educación financiera, o la comprensión de la vida emocional.

A los jóvenes de hoy día no se les suele enseñar a manejar efectivamente su dinero, ni a entender sus respuestas emocionales, ni se les entrena para conocer lo que les demás les están contando de verdad. Así se pasarán el resto de sus vidas trabajando por dinero y aumentando sus deudas, discutirán por cosas nimias y llegarán a la edad adulta sintiendo que lo que están viviendo no tiene mucho sentido.

vC

P.S. En el texto de la imagen pone algo así como: "Me fui a los bosques porqué deseé vivir deliberadamente, para enfrentar solamente los hechos esenciales de la vida. A ver si no podía aprender lo que tenía que enseñarme, y no descubrir, cuando fuese a morir, que no había vivido"
Thoreau

No se porqué extraño motivo algunas personas me estáis reportando que el texto traducido, que había posteado en uno de los comentarios, no se podía leer bien.

domingo, 22 de marzo de 2009

Palabras sabias

El otro día apareció una entrevista de Víctor-M. Amela en la contra de La Vanguardia que me estremeció de arriba a abajo. Era el testimónio de Albert Casals, un chaval de 18 años que habla con mucha lucidez sobre lo que es importante en la vida.

No puedo menos que transcribir la entrevista con el ánimo de que te dejes empapar de sus ideas:

¿Desde cuándo vas en silla de ruedas?
Desde los ocho años. Tuve mononucleosis y leucemia: o me trataban a saco, con riesgo de provocarme alguna discapacidad, o me moría.

Y fueron a saco.
Sí. ¡Y el resultado ha sido perfecto!

¿No te importa la silla de ruedas?
Si hubiese querido ser futbolista… ¡Pero no hay nada que yo no pueda hacer en mi silla!

¿No?

Subo, bajo, entro, salgo, he atravesado selvas y playas, he viajado por Francia, Italia, Grecia, Alemania, Escocia, Tailandia, Malasia, Singapur… Acabo de regresar de un viaje de seis meses por toda Sudamérica

¿Con quién viajas?
Me gusta viajar solo.

¿En silla de ruedas… ¡y solo!?
La silla es más ventaja que inconveniente: la gente te pregunta qué te pasa, de dónde vienes…, y así haces un montón de amigos.

¿Desde cuándo viajas así?
A los catorce años les dije a mis padres que me iba. Fue muy duro para ellos permitir mi felicidad. Pusieron una condición: el primer viaje lo haría acompañado por mi padre. Fuimos a Bruselas y aprendí cosas útiles para viajar. Y, a partir de los quince años, ya he hecho todos esos viajes yo solo.

¿Y qué dicen hoy tus padres?
Sufren un poco, pero están contentos viéndome contento. Agradezco que se hayan esforzado tanto en no ayudarme, en no decirme: “Esto no puedes hacerlo porque vas en silla de ruedas”. Ellos facilitan mi felicidad.

¿Eres feliz, pues?
Plenamente, pues no hago nada que no quiera hacer en cada momento. Ahora me apetece hablar contigo, y si no, no estaría aquí.

¿Con qué dinero viajas?
Con tres euros al día.

No es posible.
Hace seis meses salí de casa con 20 euros para irme a Sudamérica, ¡y he vuelto con 20 euros en el bolsillo!

Pero… ¿y dónde duermes, y cómo comes y… cómo lo haces?
¿Por qué nos complicamos tanto la vida? Siempre hay dónde dormir, siempre hay algo que comer. Conoces a gente, y todo fluye. ¡Qué sencillo es el mundo! Lo he entendido viajando. Bastan cuatro cosas: dormir, comer, ducharse y hacer amigos.

Dicho así, sí parece fácil.
Claro. ¿Qué impide a todos los europeos hacerse vagabundos? Es maravilloso…

¿Qué buscas en tus viajes?
Ver cómo vive la gente, ver cómo son, conocerles, vivir con ellos, ser su amigo.

¿Y qué opinan tus amigos de aquí?
Me entienden, mis amigos son como yo: todos están haciendo lo que desean hacer, aunque a ellos no les apetece viajar.

¿No te da miedo viajar solo?
¿Qué puede pasarme peor que no realizar mis sueños?

Pueden robarte…
Al poco tiempo volveré a tener lo necesario, ¡seguro! Y nunca podrán robarme lo vivido.

… Puedes sufrir un accidente, morir…
Aun así, habría hecho lo que realmente quería, ¡habría sido más feliz que quedándome aquí contra mi deseo!

¿Qué haces al llegar a un sitio nuevo?
Voy a un parque, a una plaza, saco mis naipes… Al cabo de un rato hay niños, ¡y luego medio pueblo está alrededor!

¿Qué te dice la gente nueva con la que te vas encontrando?
Los adultos repiten dos preguntas: “¿De dónde sales?”, “¿Y tus padres?”. Algunos se escandalizaban de mis padres por dejarme solo… Alguna vez la policía me ha detenido por si me había escapado… Un niño solo por el mundo, feliz…, ¿qué tiene de malo?

Hombre…
Ahora, ya con 18 años cumplidos, ¡soy libre!

¿Qué llevas en tu mochila?
Una libreta, algún libro, un boli, una linterna, los naipes para juegos de manos, jabón, cojín, dos pantalones y dos camisetas, calzoncillos, chaqueta, botiquín, la tienda de campaña y el kit de reparación de la silla.

Dime lugares en que hayas dormido.
Playas, vagones de tren, parques, estaciones, coches, campos, comisarías, castillos en ruinas, casas abandonadas, casas de gente, cuevas, mansiones…

¿Cuál ha sido el mejor momento?
Viajar de noche en la caja de un camión en marcha, destapada. Podía sacar la cabeza al viento o acurrucarme. Fue chulísimo.

¿Y tu momento más peligroso?
He estado a punto de palmar volcando en un camión, y atravesando una selva con vampiros, y en una lancha de traficantes de motores entre islas caribeñas, zarandeados por una tormenta con olas de cinco metros: me golpeé, caí al agua inconsciente… y pudieron rescatarme por pelos.

¿Qué planes tienes ahora?
Recorrer toda el Áfricaoriental hasta llegar a Madagascar.

¿Nada te frena?
Cuando haces lo que de verdad quieres, el universo entero conspira a tu favor. Mira alrededor y decide: tú puedes elegir vivir triste o contento. Yo elijo la felicidad. No veo entre nosotros razones para ser infeliz.

¿Y no piensas estudiar, trabajar…?
No, si no me divierte. Me gustaría ser mediador o acoger niños… A veces me dicen: “Si no trabajas, ¡de viejo serás pobre!”. Pero, si llego a viejo, ¡tendré amigos por todo el mundo! ¿Se puede tener más?