lunes, 6 de julio de 2009

Los límites de mi mapa

Decía Wittgenstein que los límites de su lenguaje eran los limites de su mundo...

Es evidente que nuestra estructura limita el rango de opciones disponibles: si no está en mi radar, no existe. Bueno, de existir puede existir, pero estamos ciegos a ello.

Algunas personas no son conscientes de este razonamiento y eso les pasa factura. Veámoslo así: tu no percibes el mundo tal cual es... sino tal cual eres, puesto que eres el percibidor. La estructura a través de la cual percibes determina qué verás, y qué dejarás de ver.

Una persona que no entiende un concepto, que no dispone en su estructura del conjunto de distinciones que permiten hacer cierto tipo de observaciones y conseguir determinados resultados, está completamente ciega a esa parte de la realidad. Para ella sencillamente eso no existe y no es posible.

Cuando yo veo un trozo de montaña nevada soy incapaz de hacer más de tres o cuatro distinciones sobre la cualidad de la nieve que percibo: o está dura, o blanda, o es primavera... Pero un esquimal, VIENDO LA MISMA REALIDAD, hace observaciones que para mi no existen. Vemos lo mismo y no vemos lo mismo.

Con el mundo de la inversión pasa lo mismo. Si no dispones del conjunto de distinciones necesario hay muchas cosas que pueden resultarte confusas o incluso imposibles. Es lógico, no están en tu estructura.

Lo bueno del caso es que puedes incorporar distinciones a tu repertorio y abrirte a nuevos mundos.

Lo malo del caso es que no lo harás si confundes lo que percibes con la realidad.

11 comentarios:

Concha Barbero de Dompablo dijo...

Creo que leí en "El alma está en el cerebro", de Punset, que sólo interpretamos lo que recordamos (conocemos).

En la película "¿Y tú qué sabes?" recuerdo que se cuenta cómo los indígenas no veían las carabelas literalmente, porque no las conocían, no lo tenían registrado y tuvo que ser confirmado por el jefe de la tribu que fue el único que pudo "verlas".

Loormelotte dijo...

Eso de no ver la carabelas . . . me parece un poco de cuento. Una cosa es que no sepas que es lo que estas viendo, pero VER, lo que se dice VER, claro que VEN un barco gigantesco que flota sobre el agua.

En fin . . .

Silvia dijo...

No hace falta poner como ejemplo una tribu lejana.
En ocasiones nosotros mismos no logramos ver más allá de nuestras narices. Sólo cuando una amiga, un familiar, o mejor, alguien ajeno a nuestro entorno, hace que podamos abrir unos ojos que antes veían sin poder mirar.
Mirando carabelas.

David de la O dijo...

... y en eso estamos gracias a gente como tú: incorporando continuamente distinciones a nuestro repertorio!!!

Concha Barbero de Dompablo dijo...

Ja, ja, ja... Loormelotte, pues esa es la cosa, que VER lo que se dice VER no las veían...

Nos movemos por lo que recordamos y esperamos. Si preguntas la hora y te dicen: "Las seis", entra dentro de lo normal y reaccionas con tranquilidad, pero si te responden a esa pregunta: "Me voy a París", por ejemplo, te bloqueas.

Todo esto lo he leído y explicarlo a fondo requeriría ser experta en ello (que no lo soy), pero sí creo en ello. Que sí creo que no vieran las carabelas, vamos...

Bueno, Vicens... me retiro de puntillas, que este es tu blog. Me emociono y me explayo demasiado:-) Disculpa.

Loormelotte dijo...

Pues si no VEN las carabelas, eso tiene un término científico que todos conocemos y puede sobrevenir por enfermedad o accidente, antes o después de nuestro nacimiento . . . ceguera.

Ale pues.

Juan dijo...

Jejejejeje...

Concha Barbero de Dompablo dijo...

Loormelotte, pues quédate sólo con que lo de las carabelas sea una metáfora de lo que non indica Vicens... que aunque no lo veamos, puede ser, y que sólo hay que "abrirse a otros mundos".

Y ya no "me desgasto" más con esto ¿eh? :-)

Saludos

Loormelotte dijo...

Sí, la verdad que desgastarse desgasta.

Concha Barbero de Dompablo dijo...

Y mucho... :-)

Airam del Cristo dijo...

Buenas tardes a todos. Estoy de acuerdo con esta idea de Vicens. Creo que algo que debemos de desarrollar como seres humanos que piensan, es saber distinguir las opiniones de los echos para poder hacer distinciones más precisas.