sábado, 18 de diciembre de 2010

Krishnamurti y la educación de nuestros hijos

Esta mañana he estado hablando con mi hermana sobre educación. Ella, como profesora y pedagoga, vive estos temas desde el corazón.

Cuando la escucho me doy cuenta, una y otra vez, de la pasión que tiene por lo que hace, de la responsabilidad que asume, y de la influencia que ejerce en la vida y en el destino de aquellos niños con los que trabaja.

Después de debatir sobre la obsolescencia de ciertos modelos educativos, la he querido hacer partícipe de un encuentro entre Krishnamurti y un conjunto de niños indios, que ahora quiero compartir con vosotros.

María no le había escuchado nunca hablar y le ha generado una agradable sensación de paz y tranquilidad. Yo creo que hay muchas cosas sobre las que tomar nota.










Krishnamurti es uno de los pensadores modernos que más me ha influido y cuyas ideas estudio con más ahínco.

Me encantará creer que algunos de estos conceptos te han resultado interesantes.

vC

3 comentarios:

pilar dijo...

Gracias Vicens por compartir. Espero que tu hermana se sienta mejor. Ya falta menos...

Es también la primera vez que escucho a Krishnamurti. Creo que sin saberlo habéis sido portadores de un regalo (doble): un despertador de conciencias que (para mi al menos) ha dado la hora en punto ;)y la llave para entender la forma de observar el sufrimiento al que hacías referencia en un post anterior. Gracias.

Feliz Navidad

Guzmán. dijo...

Jiddu Krishnamurti y Nitya.

Mi hermano ha muerto;
éramos como dos estrellas en un cielo desnudo.
Él era igual que yo:
la piel tostada por el cálido Sol
en la tierra de suaves brisas,
oscilantes palmeras,
y ríos de agua fresca;
donde son innumerables las sombras,
y hay cotorras y papagayos de vivos colores.
Donde las copas verdes de los árboles
danzan bajo la refulgente luz del Sol;
donde hay dorados arenales
y mares de color verde azulado:
donde el mundo vive bajo el peso del Sol,
y la tierra cocida es marrón mate;
donde el arroz verde
centellea cautivador en las aguas limosas,
y los cuerpos tostados, desnudos, brillan
libres en el resplandor deslumbrante.
La tierra
de la madre que amamanta a su hijo al borde de la carretera;
del devoto amante
que trae en ofrenda vistosas flores;
del santuario a la orilla del camino;
de intenso silencio;
de paz inmensa.
Murió;
lloré en soledad.
Allá adonde iba, oía su voz
y su risa alegre.
Buscaba su rostro
en cada caminante
y a cada uno preguntaba si había visto a mi hermano;
pero ninguno de ellos podía darme consuelo.
Rogué,
recé,
mas los dioses guardaban silencio.
No me quedaban ya lágrimas;
no me quedaban sueños.
Lo busqué en todas las cosas,
en todos los países.
Lo oía en el susurro unísono de los árboles
llamándome a su morada.
Y luego,
en mi búsqueda,
apareciste Tú,
Señor de mi corazón;
sólo en Ti
vi el rostro de mi hermano.
Sólo en ti,
mi eterno Amor,
veo los rostros
de todos los vivos y de todos los muertos.

El Canto de la Vida, 1931.
Krishnamurti 100 años de Sabiduría, Evelyne Blau.
http://seaunaluzparaustedmismo.blogspot.com/

Black_ikarus dijo...

Gloriosa entrada. Puedes estar seguro de que este tipo de posts sirven a más de uno, incluyéndome a mí.

Me alegra que este blog vuelva a coger el ritmo de tiempos pasados. Es una constante referencia para alguien como yo.