jueves, 16 de diciembre de 2010

Si mi abuela ya no es mi abuela, entonces ¿quién es?

Aviso para navegantes: Lee esto solamente si tienes alma de filósofo.

¿Qué pasará el día en que dejes de recordar quién eres?, ¿seguirás siendo tú?, ¿serás otro?, ¿serás otra cosa?

No se si has tenido la vivencia de compartir tiempo con alguna persona que esté perdiendo la memoria. Llámale Alzheimer, demencia senil, o siemplemente envejecer, el efecto es el mismo: la persona a la que creías conocer ya no es la persona con la que estás.
Físicamente hay cierto parecido, al fin y al cabo sigue viviendo confinada en el mismo vehículo, pero resulta complicado decir que ella es esa persona. ¿Qué significa entonces eso?, una persona que pierda su memoria ¿es o no la misma persona?

De hecho es una ilusión pensar que su cuerpo sigue siendo el mismo. El cuerpo que tienes no es el cuerpo con el que naciste, ni el cuerpo con el que viviste el año pasado. Al menos una parte muy significativa de tu cuerpo se ha renovado. De hecho estás en un proceso constante de renovación. Eres como una ola en el mar: cambia a cada momento, pero sigue siendo la misma ola.

Cada respiración que haces incorpora ciertos elementos a tu cuerpo y elimina otros.

Entonces ¿qué es lo que permanece?, ¿la estructura¿, ¿ciertos elementos informativos codificados en tu ADN que permiten que mantengas el parecido?...

¿O a caso es la memoria la que permanece?... La memoria no es lo que has sido, ni lo que has vivido, ni tu historia personal. La memoria es una ilusión, un esbozo distorsionado de algunas partes de tu experiencia, sumadas a creaciones propias y a procesos de error en el almacenaje de dicha información.

Tus recuerdos no son la realidad, más bien son una ilusión, un espejismo muy cómodo con el que nos gusta contar. Lo que recordamos no ha pasado tal como lo recordamos. Lo que recordamos no es lo que ha sido. Lo que recordamos es falso.

Sí, tal vez hay cierto parecido, ciertos elementos que, de alguna manera, nos hacen creer que aquello que recordamos es lo que hemos vivido, pero es una trampa de nuestra mente. Ni tan siquiera puedes recordar con detalle lo que cenaste ayer, quizás si haces un esfuerzo puedes llegar a encontrar el concepto de lo que cenaste, un plato de jamón con pan tostado y una copa de vino tinto,... pero eso que traes a tu mente no es lo que fue. El concepto no es lo que fue. Fue mucho más, fueron todas y cada una de las lonchas de jamón, con sus colores, sus vetas, sus sabores, todos y cada uno de los bocados a esas tostadas, su tacto, su forma, su aroma, la combinación del jamón con el pan, el orden en el que cada una de esas lonchas fue elegida del plato, el vino, con el preciso tono rojizo que tuvo, con los matices oscuros, con sus asperezas al paladar.

Lo que recuerdas no es lo que fue... es una ilusión con la que vivimos y que nos resulta muy cómoda, pero no es lo que fue. Es una construcción de nuestra mente que nos permite operar en el mundo, que nos habilita para tomar decisiones debido a cierto valor informativo y experiencial.

Entonces, si el cuerpo cambia constantemente y nuestra memoria es una ilusión, ¿qué es lo que somos? Me temo que eso es algo que tendrás que descubrir por ti mism@.

Desde cierto punto de vista uno es un proceso constante de identificación. Un proceso gradual, que hacemos cada mañana cuando nos despertamos y que mantenemos a lo largo del día. Un proceso por el cual nos hacemos creer que seguimos siendo los mismos que nos acostamos anoche, que somos lo que eramos hace cinco o diez o veinte años.

Pero ¿no será que nos estamos engañando?, ¿no será que, al igual que unos buenos ilusionistas, nos hacemos creer que seguimos siendo los mismos?

¿La ola que se forma al entrar en la bahía y llega a morir a la playa, es la misma ola?

Quizás cuando tu memoria queda afectada, lo que esté pasando es que falles en el proceso de darte una identidad. No puedes identificarte con tus recuerdos porqué están físicamente dañados, entonces ¿qué pasa?. Si no eres capaz de contruir esa ilusión ¿quién eres?

Puedes despertar en tu cuerpo y creer que eres él, pero si no tienes recuerdos de quién has sido, ¿quién serás?

Despierto un día y no recuerdo mi pasado, no recuerdo nada de lo que he vivido, así que no se quién soy porqué no puedo acceder al fichero de "tu eres este". En ese caso ¿quién soy?.

Soy algo, eso está claro, al igual que un árbol es, yo soy, pero si mi proceso de identificación está ausente, entonces ¿puedo ser yo? La pregunta es importante porqué si resulta que sin mi proceso de identificación no puedo ser, eso podría significar que soy una ilusión.

Esa es la reflexión: soy una ilusión. Mi identidad, esa parte de mi que se activa por la mañana y se desenchufa por la noche, es una creación de mi mente y sin mi memoria nada es.

Esa es la pregunta: ¿Puedo morir cada día a estas ilusorias identificaciones?, ¿puedo vivir sin la necesidad de identificarme?

vC

7 comentarios:

elena delucca dijo...

No sólo me encantó lo que escribistes sino que he de hacer una observación con tu permiso. Desde hace un tiempo te leo y he podido comprobar cómo tu nivel de visión interna es cada vez más amplio y más arriesgado(y con arriesgado me refiero a que te siento mucho más valiente y libre que nunca...)y puedo sospechar que eres uno de tantos españoles que está despertando a la velocidad de la luz. Me alegra enormemente encontrarme profesionales del coaching que van más allá de las apariencias y se "mojan". Un placer leer tus últimos artículos, Vicens. Sigue sorprendiéndonos. Un abrazo.

Vicens Castellano dijo...

Gracias por tus palabras Elena. Algunas veces pienso que este tipo de posts no interesan mucho, y es muy agradable ver que hay quién si que los lee y los aprovecha.
Un placer compartir mis ideas con gente despierta!
vC

David Gómez, Gema Martinez dijo...

Me encanta como escribes, muchas gracias.

Airam del Cristo dijo...

El artículo me ha gustado mucho Vicens. En lo personal porque mi abuela materna padece de Alzheimer desde hace 2 años y me toca de lleno cada día, porque se trata de una enfermedad que puede ser hereditaria (la madre de mi abuela padeció de Alzheimer) y eso me preocupa. Sinceramente no me gustaría dejar de recordar a las personas a las que quiero y espero que algún día se encuentre una cura.

Ahora también es cierto que llevo un tiempo estudiando la enfermedad y observando a mi abuela y a sus hermanas. En total son 5 hermanas y de ellas son 3 las que padecen Alzheimer (entre ellas mi abuela). El neurólogo dice que no tiene cura ni y que no sirve de nada el mantener la mente activa; pero he observado que "casualmente" las otras 2 hermanas que no padecen de la enfermedad, siempre han sido personas activas; empresarias:

Una tiene una tienda de ropa y complementos en el centro de la ciudad; y la otra se dedica al alquiler, administración y mantenimiento de unos cuantos apartamentos y estudios que ha ido adquiriendo desde hace años en una zona turística de mi tierra.
Esto me hace poner en duda la afirmación del neurólogo porque veo que ellas siempre han llevado una vida bastante activa mental y físicamente (y la continúan llevando).
Al contrario que las otras 3 hermanas que padecen de Alzheimer (entre ellas mi abuela), que nunca han sido ni mental ni físicamente activas...y soy un firme creyente de que la enfermedad más grave del siglo XXI es el sedentarismo, porque el cuerpo y la mente humanas son las únicas máquinas que se estropean y desgastan de no usarlas.
Mi abuela antes tenía un pequeño negocio; un kiosco donde vendía golosinas, periódicos, revistas, pan, tabaco, etc. Recuerdo perfectamente que en esa época estaba bastante activa física y mentalmente; pero un día se aburrió del negocio, lo cerró y se dedicó a no hacer nada. Es una persona que nunca ha leído libros, ni ha asistido a cursos o practicado hobbie alguno. Siempre la recuerdo metida todo el día en casa haciendo sus labores y pasando horas y horas sentada delante de la televisión y desde entonces ha ido poco a poco perdiendo facultades con los años.

Por otro lado lo que aquí compartes me lleva un tiempo rondando por la cabeza. ¿Si no recordamos quienes somos ni reconocemos a las personas que nos rodean, entonces qué somos realmente? No encontré respuestas a esta pregunta hasta que no comenzé a leer las ideas y filosofías de algunos autores como Eckhart Tolle, Deepak Chopra, Krishnamurti, Bob Proctor, etc...y ahora mi respuesta y punto de vista sobre eso es que no somos ni nuestro cuerpo ni nuestra mente, sino algo más grande que eso; somos espíritu puro. Somos el Ser Superior. Somos espíritu que vivimos dentro de un cuerpo físico y poseemos una mente, pero no somos ni nuestro cuerpo ni nuestra mente.

Haciendo una analogía con el mundo de la informática: el cuerpo sería el hardware y la mente sería el software; pero entonces, ¿qué sería el espíritu?
Bien; pues hasta hace poco no encontraba respuesta a qué sería el espíritu en esta analogía con la informática. Y no la encontraba básicamente porque la pregunta adecuada no era qué, sino quién. Hasta que he llegado a la conclusión de que en este caso de analogía con la informática, el espíritu sería el programador (la persona que supuestamente debería estar controlando el funcionamiento de esa computadora). El problema es que en demasiadas ocasiones y en la mayoría de personas, el programador está la mayor parte del tiempo ausente o de vacaciones. Ha dejado a la computadora ejecutando softwares (pensamientos, ideas, patrones de pensamiento, creencias, etc) a lo loco, sin tan siquiera preocuparse de haber instalado un buen antivirus mental...y al final algunos nos hemos dado cuenta de lo que ha pasado e intentamos recordar dónde está el botón de "resetear", para luego realizar un formateo, limpieza y reiniciar el sistema operativo mental con una reprogramación mejor.

Un abrazo y gracias por compartir :)

Concha Barbero de Dompablo dijo...

No creo que sea el caso de las personas que padecen estas enfermedades degenerativas (¿o sí? No lo sé), pero muchas otras se aferran a sus enfermedades físicas como su identidad, para cubrir su vacío (cuerpo dolor, lo llama Tolle).

A una persona la preguntaron, delante de mí que cómo se encontraba. Ella respondió:

"Pues no me faltan cosas; tengo que hacerme bastantes pruebas, así que ahí estamos". Parce mentira, pero hablaba algo complacida, desde el ego: Tengo enfermedades, soy porque las tengo; hay un motivo para vivir. Por tanto, no me digas que puedo curarme, porque ¿Quién soy si no?

Normalmente, esas personas no se dejan ayudar, y es una pérdida de energía inútil tratar de hacerlo.

Claro que yo también tengo lo mío, que cierro los comentarios en mi blog porque necesito silencio y vengo a hablar aquí :-) pero es porque me interesa mucho el tema :-)

pilar dijo...

Gracias Vicens, me ha gustado mucho tu argumentación de un punto de vista, nuevo además para mi. Si me parece interesante el tema porque además en la sociedad en la que vivimos, ser anciano o padecer Alzheimer puede para algunos significar “dejar de ser ----”.
Creo que la esencia de mi ser, quién soy (no qué soy) está por encima de una ilusión fabricada y no depende del reconocimiento externo, ni siquiera del mío propio, ni de qué tan impresionante es mi CV o cuánto dinero tengo (aunque ese es otro tema)
Como cualquier otro ser vivo estoy sujeta a un continuo cambio pero a diferencia de otros seres vivos ese potencial de cambio es enorme, así que sí, estoy contigo, muchas veces las personas a las que creemos conocer nunca dejan de sorprendernos si previamente hemos “hecho una ficha” de ellas olvidándonos de ese principio universal de cambio.
Tenemos una identidad pero creo que ésta está muy lejos de ser la identidad ilusoria (permíteme que utilice tus palabras) que a veces nos creamos o que otros nos crean. Los niños por ejemplo crean su identidad tomando como espejo el trato que reciben de las personas de su entorno más cercano (me vuelvo a desviar del tema).
Si algún día perdiera la memoria me gustaría tener al menos cerca a personas que aunque sin conocerme me trataran con amor y respeto, por mi esencia, por ser quien soy.

Black_ikarus dijo...

Madre mía... se me ha cortocircuitado el cerebro.

Interesante reflexión, pero es tremendamente difícil el ejercicio de escapar a esa ilusión que realmente somos.